Se acercó alguien a un discípulo del místico musulmán Bahaudin Naqshband y le
nas en apuros, aunque luego lo atribuya a la buena suerte de dichas personas. ¿Por qué lo hace?”.“Sé perfectamente de lo que me hablas”, respondió el discípulo, “porque yo mismo lo he observado. Y creo que puedo responder a tu pregunta. En primer lugar, al Maestro no le gusta ser objeto de atención. Y, en segundo lugar, está convencido de que, una vez que la gente manifiesta interés por lo milagroso, ya no desea aprender nada de verdadero valor espiritual”.
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