Una leyenda de los Upanishads.
El sabio Uddalaka enseñó a su hijo Svetaketu a descubrir al Uno tras
la apariencia de lo múltiple. Y lo hizo valiéndose de “parábolas” como
la siguiente:
Un día le ordenó a su hijo: “Pon toda esta sal en agua y vuelve a
verme por la mañana”.
El muchacho hizo lo que se le había ordenado, y al día siguiente le
dijo su padre: “Por favor, tráeme la sal que ayer pusiste en el
agua”.
“No la encuentro”, dijo el muchacho. “Se ha disuelto”.
“Prueba el agua de esta parte del plato”, le dijo Uddalaka. “¿A qué
sabe?”.
“A sal”.
“Sorbe ahora de la parte del centro. ¿A qué sabe?”.
“A sal”.
“Ahora prueba del otro lado del plato. ¿A qué sabe?”.
“A sal”.
“Arroja al suelo el contenido del plato”, dijo el padre.
Así lo hizo el muchacho, y observó que, una vez evaporada el agua,
reaparecía la sal. Entonces le dijo Uddalaka: “Tú no puedes ver a Dios
aquí, hijo mío, pero de hecho está aquí”.
Los que buscan la iluminación no logran encontrarla, porque no
comprenden que el objeto de su búsqueda es el propio buscador.
Al igual que la belleza, también Dios está en el yo del observador.
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